Viajar (Travelling)

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Viajar, en palabras simples y sin mayor esfuerzo descriptivo, es “salir de casa”.  Sin embargo, no es un salir de casa común y corriente.

Cuando, por ejemplo,  vamos al supermercado cerca de la casa, vamos y venimos y en nosotros nada esencial cambia, no hay un despertar existencial en nuestras vidas, no crecemos como personas ni nos enriquecemos interiormente. Nuestra vida sigue igual, sin mayor transformación.

Pero creo que sí podemos decir que viajar es salir de casa. Salir, porque viajar indudablemente conlleva la acción de trasladarse, de cambiar el punto desde donde miramos lo que nos rodea. Salir encierra la idea de recorrer otros caminos, ir hacia el exterior, ir hacia fuera de nosotros mismos,de mover nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro ser interior. Al viajar hay un traslado físico y, en muchas ocasiones, también mental y espiritual.

Y salimos de casa no solo en el sentido literal, sino en el sentido de que abandonamos por un tiempo el hogar, lo seguro, la zona de confort que nos da confianza y seguridad, lo conocido hasta entonces que es el ámbito que dominamos, que tenemos bajo control y que en general no nos depara sorpresas incómodas.

Al viajar dejamos la casa como metáfora del espacio en el cual se encierran nuestras cosas más conocidas y, tal vez por lo mismo, las cosas más comprendidas y queridas. Lo mismo ocurre con las personas con quienes compartimos la vida y nuestra cotidianidad, al viajar nos alejamos de ellas por un tiempo, hay una separación física que a veces incluso duele y hacemos una pausa en nuestras rutinas, costumbres, tradiciones, ritos, entre otros lazos que compartimos con esos que nos rodean y acompañan en el día a día.

Hay viajes de muchos tipos diferentes, algunos tienen una misión muy especial y otros se hacen sin ningún objetivo claro o específico,quizá solo el de viajar.

Algunos viajes son de puro placer y otros conllevan un gran compromiso o una enorme responsabilidad de trabajo y estudio. Hay viajes que no tendrán mucho impacto en nuestras vidas y no marcarán un antes y un después, otros nos llevarán a alcanzarlas metas más altas que nos hayamos propuesto por un buen tiempo o los sueños más maravillosos de nuestras vidas.

Unos viajes son cortos y casi no llevamos nada, en un bolso pequeño nos cabe todo lo necesario. Para otros viajes, en cambio, vendemos todo lo que tenemos, nos despedimos de todos los que queremos, damos la llave de laque consideramos  nuestra casa y quizás solo nos llevamos un recuerdo, lo más querido y significativo.

Hay viajes que el motor que los generó es el trabajo o el dinero, a otros el amor o su búsqueda, la pasión, la sed de conocer, el deseo de aprender y de ver algo con los propios ojos, la necesidad imperiosa de un cambio, el tiempo para abrirse al mundo. En fin, motivaciones para viajar habrá posiblemente tantas como abejas en un panal.

Lo importante es que el ser humano ha viajado siempre,incluso ha viajado como estilo de vida o destino, siendo nómada, desterrado, explorador,inmigrante, misionero, mensajero, descubridor, conquistador, representante de algún grupo, embajador de un país o de una causa, comerciante, entre otros.

En fin, viajar no le es extraño al ser humano. Si no fuéramos viajeros la vida actual sería algo totalmente distinto. Es gracias a esta maravillosa acción que el mundo está conformado como lo está actualmente. Y me atrevo a decir, que en mucho nos ha transformado a todos aquellos que nos hemos atrevido a salir de casa, a conocer otros mundos y otras gentes.

Sin embargo, en especial, viajar nos ha transformado cuando hemos hecho el esfuerzo por no solo conocer sino también comprender lo que vemos, con una mente abierta y un espíritu buscador, sin prejuicios que nos limiten el entendimiento y sin juicios cerrados que nos quiten la oportunidad de ver una parte de la verdad que está fuera de nuestra casa pero que de alguna manera misteriosa todos tenemos dentro.

-Gaby Garcia

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Travelling, to put it simply and without being too descriptive, is basically “leaving the house.” However, it’s not necessarily leaving the house where we live.

When, for example, we go to the super market near our house, we come and go and don’t experience any fundamental change. There is no existential awakening in our lives, we don’t grow as people nor enrich ourselves on the inside. Our life stays the same, without any great transformation.

But I believe that it is still acceptable to define travelling as leaving the house, because travelling, without a doubt, always involves some sort of movement, of changing the point of view from where we see ourselves and where we see what surrounds us. Leaving encompasses the idea of choosing other paths, of moving towards what’s “out there,” sometimes even out of ourselves. It is a movement of the mind, of the body, and of our very being. When one travels there is a physical movement and, in many cases, a mental and spiritual movement as well.

We do not only leave the house in the literal sense of the word, but also in the sense that we abandon for a moment our home, our safe place, our comfort zone which gives us confidence and security, and the environments that we know, that we have under control and that in general do not hold any uncomfortable surprises.

When we travel, the house that we leave becomes a metaphorfor all of the things that are familiar to us and, maybe for this very reason, the things that are most loved and understood. The same thing happens with people with whom we share our daily lives. When we travel we move away from them for a time, and there is a physical separation that pains us. For a moment we put our routines on hold, our customs, our traditions, and other things that connect us to those that we share our lives with.

There are many different types of trips, some have a specific purpose, and others do not have any clear or specific objective, perhaps travelling just for the sake of travelling.

Some trips are just leisure, and others bring with them commitments and responsibilities from our jobs and our studies. There are trips that will not have much impact in our lives and will not mark a clear before and after. Others will allow us to achieve the most important goals that we have set for ourselves, and even make our wildestdreams come true.

Some trips are short, and we take almost nothing with us, perhaps a small bag that holds everything we need. For others, we sell everything we have, we say goodbye to everyone that we love, we turn in the key of the place that we’ve called home, and the only thing we take with us are our most loved and cherished memories.

There are trips that are taken out of necessary for work or money, others out of love or the search for it, passion, a desire to see new places, the desire to learn and to see with your own eyes, the urgent need for change, a time to open oneself to the world. There are probably as many reasons for traveling as there are bees in a honeycomb.

The important thing is that humans have always travelled, some have even made travelling their life: nomads, exiles, explorers, immigrants, missionaries, messengers, discoverers, conquerors, representatives of some group, ambassadors of a country or for a cause, merchants, and others.

Travelling is not a foreign concept to the human being. If we weren’t travellers our lives would becompletely different. It is thanks to this amazing possibility that the world is what it is today. And I would even dare to say that it has transformed those of us that have dared to leave the house, to get to know other people and other places.

However, travelling especially transforms us when we make the effort to not just see new places, but to comprehend what we see, with an open mind and a searching spirit, without prejudices that put limits on our understanding and without closed-minded judgments that take away the opportunity to catch a glimpse of the truth that lies outside our front door, but that also we somehow, mysteriously, carry within us.